Brotes claros de inquietud escaparon ávidamente del ánimo, dejando acaso deshabitada la impronta de aromas que un día
abrazaron sus cuitas.
Retoños sencillos de acrisolar, descansan en el esmero del Mirar.
Éste, perdura eternamente en vela amando, defendiendo, suavizando, confiando,
esperando…
Tallos anhelantes conquistan lo que nunca conocieron.
“Alma que del viento te dejas mimar, confía al Soplo tu
brillante sombra y pósate selecta en la vida aprehendida”.
Vástagos nuevos cuajados de ternura, crecen para acariciar un suspiro
reluciente. Están preciosos, y al despertarse en el lloviznar, guarecen con
alegres cantos los ecos de un cortejo que embellece aquel hermoso ejido sembrado
de otros tornasoles.
Renuevos palpitantes en fuerte respiro esconden su quimera; y la
Belleza es la única dicha que verdaderamente esperan.
Raíces pacientes aguardan con serenidad el pilar de Luz. Saben que su exquisita claridad les dará vida y así, confortarán a las frentes que viven ahogadas en
ondas de mar.
¿Tú tienes el regalo de la vida?
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